Contra la corriente: la hidrodinámica de la fecundación en la Tierra y en el espacio, articulo e investigación de Elena Zavadsky desde nuestra página oficial.
Cán 2, 10 de mayo 22, 26 Un cálido día de verano. Un arroyo cristalino brilla bajo los rayos del sol. Una viva “nube” en el bajío llama la atención. Una multitud de ágiles bolitas de cola surcan con viveza las aguas costeras. Vemos una imagen familiar: renacuajos. Una serie de rápidos movimientos de sus colitas-remos, y el cardumen ya está bien lejos. Sus movimientos son activos y decididos. Su principal objetivo es encontrar comida. Durante casi tres siglos y medio, la comunidad científica estuvo convencida de que los espermatozoides eran una especie de renacuajos microscópicos. En 1677, el naturalista holandés Antonie van Leeuwenhoek los descubrió y dibujó, incluso acuñándoles un nombre especial: animálculos (que significa “animalitos”, del latín animalculum). Bajo las lentes de su microscopium (y, de hecho, de todos los microscopios bidimensionales hasta hace poco), los espermatozoides, llenos de energía, se movían, culebreando a manera de alevines o renacuajo...